Mis dos peludos amigos

0

Las mascotas son consideradas parte importante de nuestra familia.

Actualmente tengo dos perros, Bruno que es un cruce con border collie y Roma que es un bulldog francés.

Ambos han llegado a mi vida de forma muy peculiar, por esa razón quiero compartirles sus historias.

La primera en llegar a mí fue Roma.

Antes de empezar con la historia de Roma les contaré sobre mi perra llamada Chuleta, era un bulldog francés conocido como “vaquita”, por su pelaje.

Resulta que Chuleta creció más de lo esperado y no podíamos tenerla más con nosotros, ya que para ese entonces existían dos perros más en la casa, Lola que era de mi hermano y Boga que era de mi mamá.

Un día llegué del trabajo y Chuleta ya no estaba, mami la había devuelto al criadero donde la compró, ella era tan hermosa que el dueño del criadero la utilizaba para competencias de belleza canina. ¡me enojé tanto! Yo quería a Chuleta de vuelta, no quería otro perro que no fuera ella.

Dos semanas después mi madre decidió engañarme, con la típica frase, “alístate vamos a ir al super mercado a hacer las compras”. Cuando llegamos al lugar obviamente no era el super mercado.

Estábamos en la casa del dueño del criadero de los bulldogs franceses, mami decido hacer un “trueque” con él dándole a Chuleta a cambio de una perrita más pequeña, (para los que no saben Roma es un bulldog francés con enanismo y esa es la razón por la que siempre anda con su lengua afuera), molesta por lo sucedido me negué a tener a Roma, pero a mi mama no le importó, la tomó y nos fuimos del lugar, cuando llegamos a la casa ya Roma se había ganado mi corazón.

Al mes nos mudamos a Platanares de Moravia, en la montaña, vivíamos en una casa con un patio bastante grande, para ese entonces Roma tenía ya 5 meses y yo tenía 18 años recién cumplidos y mi prioridad en ese momento era buscar empleo, después de enviar varios currículos, recibí mi primera llamada, tenía una entrevista en una empresa para el puesto de secretaria, mi entrevista era al día siguiente de la llamada y me la programaron para horas de la tarde.
El día de la entrevista aproveché toda la mañana para ir impecable y poder conseguir el trabajo, en lo que salí del baño mi hermano Luis gritó:
-¡Nicolle Roma no está!
Al parecer salió con Lola otra vez, pero Lola está aquí. (Lola era un perro que le gustaba escalar, perseguir ratones, salir de la casa y volver, ella tenía todas las cualidades de un gato, era una westy white Highland terrier y Roma solía seguirla ya que ella era por así decirlo como “la líder de la manada”).

Donde vivíamos los patios de las casas estaban divididos sólo por varios árboles y por esa razón para los perros era fácil salir y volver, ese día me olvidé totalmente de la entrevista, lo único que quería era que Roma apareciera.

Ya se hacía de noche y empezó a llover tanto qué no me quería dar por vencida, me puse una capa y tomé un foco con la esperanza de encontrar a Roma.

Durante todo un mes tocaba las puertas de las casas, con los ojos llenos de lágrimas y con mi bicicleta la cual le había colocado en su canasta un letrero de se busca con la foto de Roma, dejaba volantes en las veterinarias esperando que algún día alguien llamara diciendo que la había encontrado.

Un mes y medio después me contrataron como secretaria en un spa y ya se me hacía muy difícil seguir buscando a Roma, cuando entré a mi nuevo trabajo también estaba empezando a estudiar, así que me di cuenta que era hora de tirar la toalla, lo único que me quedaba era la esperanza de que algún día de la nada apareciera o pedirle a Dios que las personas que la tuvieran la cuidaran y la amaran siempre.

Dos meses y medio después recibí una llamada a las 10 de la noche de un número privado, era una señora, dijo que ese día estaba trabajando repartiendo comida en su automóvil y que se encontró una perra blanca, ñata, que andaba con la lengua afuera, ella no sabía si era así la lengua o la sacaba porque tenía una herida detrás de su oreja derecha. ¡me describió a Roma! ¡Estaba en shock no lo podía creer!
De la emoción no me percaté de que hablaba con una persona desconocida y empecé a darle la dirección de mi casa sin pensarlo, el amigo con el que estaba en ese momento me hizo aterrizar un poco mis emociones, me dijo que era mala idea darle la dirección de mi casa ya que no sabía con quién estaba hablando.

Le di a la señora un punto de referencia cerca de mi casa para encontrarnos y mi amigo decidió acompañarme, esperamos en el punto de referencia una hora aproximadamente y nada, la señora no aparecía, ella me dio un número telefónico para comunicarme con ella al cual llamé varias veces sin éxito.

Pasada la hora recibí una llamada de mi mamá, ella ya sabía que me iba a ver con una señora que decía tener a Roma, como ya llevábamos una hora esperado me dijo que mejor me fuera directamente a la casa, le daba un poco de miedo de que me estafaran o que quisieran robarme, más porque la señora resalto varias veces en la llamada que necesitaba la recompensa.

Mi amigo y yo hicimos caso y nos fuimos a mi casa, pasados los 10 min de estar ahí, escuchamos la bocina de un auto que sonaba muy fuerte, salí corriendo, abrí el portón de mi casa y efectivamente ahí estaba la señora con Roma en sus brazos.

No existen explicaciones para el rostro de felicidad que Roma tenía al ver que había vuelto a casa, de la emoción se lanzó por la ventana del vehículo y empezó a pegar brincos de felicidad al rededor mío, yo la abrace con todas mis fuerzas. ¡No lo podía creer la había recuperado!

Esa noche la bañé para que pudiera dormir conmigo, lavé su herida con un jabón anti bacterial para que no se le infectara y al día siguiente la llevé a que le revisaran para asegurarme de que no era nada grabe, el veterinario dijo que era solo una mordida de otro perro y que se veía que se estaba recuperando bien, solo me envió unos antibióticos para calmarle el dolor y listo.

Ya de ese incidente han pasado 7 años y Roma y yo somos inseparables, esta historia con final feliz me hizo darme cuenta de que lo que es nuestro siempre va estar ahí y nada ni nadie nos lo puede arrebatar.

La historia de Bruno es un poco más corta.

Mi hermano menor José tiene una perra llamada Mocca es una border collie, un día Mocca se salió de la cochera de la casa a jugar con el perro del vecino y para nuestra sorpresa quedó embarazada.
Al mes y medio mami se da cuenta del embarazo y opta por que nazca la camada de perros para darlos en adopción, el 3 de noviembre del 2019 nacen 5 hermosos perritos y mi novio y yo queríamos una nueva mascota.

Mami me invitó a su casa para que conociera la camada y pudiera escoger al nuevo integrante de la familia.
Cuando llegué a la casa de mi mamá aún no había nadie, de igual manera entre y fui directamente a la habitación donde estaban los perros, prendí la luz y ahí estaban, salude a Mocca primero para ver si me dejaba acariciarlos, en eso me di cuenta que uno de los perritos estaba dentro del forro de la cobija, cuidadosamente moví al resto a otra sábana que coloqué al lado, cargué la cobija con el perrito dentro, el cual no paraba de llorar, lo coloqué en un sillón que estaba en el patio y fui corriendo a la cocina a buscar una tijera para abrir la sábana porque no encontraba el orificio por el cual pudo haber entrado el perrito.
En el instante en el que hice el primer agujero con las tijeras el cachorrito pego el hocico en el orificio, parecía que le faltaba aire, con mis manos terminé de abrir el forro y así fue como me di cuenta de que ese perrito era al que debía escoger y que hoy en día es Brunito.

Dios todo lo hace perfecto, quien sabe si Bruno estaría vivo hoy si yo no hubiera llegado ese día, le salve la vida y eso me alegra mucho porque no sé qué haría sin él.

Bueno y esa es la historia de mis dos perros, Roma y Bruno los amo mucho.
De ellos aprendo cosas nuevas todos los días y espero que la relación con sus mascotas sea igual de divertida y única que la nuestra, llena de felicidad, de alegría, juguetes y mordiscos de amor.

Related Posts

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *